Los psicólogos, así como otras personas en profesiones como la policía y/o aquellos que estudian la grafología y selección de personal, han reconocido desde hace tiempo que las personas demuestran muchos aspectos de la personalidad, a través del lenguaje silencioso pero expresivo del cuerpo.

El cual puede potencialmente decirnos mucho sobre los pensamientos y emociones ocultas. 

Esto se debe a que estamos dotados de “neuronas espejo” que normalmente nos permiten leer las emociones e intenciones de otras personas (¡pero no si su cara está oculta tras un velo!).

Lo que constituye una ventaja evolutiva que aumenta nuestras posibilidades de supervivencia, porque si, por ejemplo, vemos a alguien expresando la emoción del miedo o la rabia homicida, podemos tomar medidas rápidas y evasivas si es necesario.

Por consiguiente, siempre que interactuamos con otros en nuestra vida cotidiana, a nivel inconsciente y consciente, estamos continuamente reaccionando y respondiendo a las comunicaciones no verbales transmitidas por el tono de voz, los gestos con las manos y otros movimientos musculares mucho más sutiles. 

De hecho, es este hecho el que hace que tanta gente censure y articule su postura, expresiones y gestos en un intento de parecer “guay” para impresionar y atraer al sexo opuesto.

Sin embargo, son los movimientos sutiles los que suelen ser más reveladores. Los diminutos y apenas perceptibles movimientos de los ojos y los rasgos faciales, que son excepcionalmente difíciles de controlar, a menudo arrojan mucha más luz sobre la personalidad de una persona que las palabras que dice. 

Por ejemplo, un pequeño desplazamiento de los rasgos faciales de una persona, que acompaña a sus palabras habladas, puede dejar claro al observador entrenado que una persona no está diciendo la verdad, o que tiene intenciones maliciosas.

Así que, en términos generales, cuanto menor sea el movimiento del cuerpo, más fiable es como fuente de información.

La escritura es tal vez el más intrincado y, precisamente por esta razón, el más revelador de todos los lenguajes corporales, ya que el acto de escribir comprende cientos de movimientos corporales expresivos extremadamente diminutos y sutiles.

Y para un grafólogo, esta “cadena de gestos” es una expresión visible y clara de las emociones, las actitudes internas, la naturaleza física y las pautas de comportamiento de un individuo. 

De este modo, la grafología y selección de personal se ha convertido en una parte importante de las empresas a la hora de evaluar a las personas que quieren optar por un cargo.

Además, como la escritura es una expresión de “movimiento congelado”, ofrece los medios más prácticos para interpretar los gestos expresivos humanos, ya que capta y retiene, en forma visible, incluso los movimientos más leves y sutiles que pueden estudiarse.

Y a su vez, interpretarse mucho después de que se hayan producido los movimientos, permitiendo que mucho de lo que está oculto, latente o suprimido en la personalidad salga a la luz en una sola hoja de papel.

Pero si la grafología y selección de personal es un medio tan eficaz para detectar la naturaleza humana, ¿por qué no se ha investigado mucho más científicamente este sistema? ¿Por qué ha tardado tanto tiempo en obtener un reconocimiento real?

La respuesta es clara: antes de este siglo sólo las personas más educadas de la sociedad sabían leer y escribir; la persona promedio era invariablemente analfabeta, por lo que había poca motivación para estudiar un medio de evaluar la personalidad que sólo podía ser utilizado en una porción extremadamente limitada de la población.